La Alhambra de Granada, o cómo la arquitectura mediterránea combate las olas de calor
La Alhambra de Granada, o cómo la arquitectura mediterránea combate las olas de calor
Cuatro estrategias que ya funcionaban hace 700 años
Este verano, buena parte de Europa ha vuelto a superar los 35 y los 40 °C.
Durante una sola ola de calor de diez días en junio y julio de 2025, Milán, Barcelona y otras diez ciudades europeas registraron 2.300 muertes relacionadas con el calor — más de la mitad directamente vinculadas al calentamiento provocado por el cambio climático, según el World Resources Institute. Cada año, el calor provoca cerca de 175.000 muertes en toda Europa, según cifras de la Organización Mundial de la Salud recogidas en el mismo informe.
Y el riesgo no se queda en el sur: se espera que el mayor aumento de días de calor extremo se produzca precisamente en el noroeste del continente — Irlanda, Reino Unido, Alemania, Países Bajos —, regiones cuyos edificios y población están mucho menos preparados que los del Mediterráneo para afrontarlo.
Frente a esto, la respuesta instintiva ha sido a menudo más aire acondicionado. Pero el aire acondicionado no elimina el calor — lo traslada a la calle. Y ahí empieza un ciclo que ya conocemos: más calor exterior, más demanda de refrigeración, más emisiones, más calor…
Antes de que existiera el aire acondicionado, la arquitectura mediterránea ya combatía de forma efectiva las olas de calor, y aunque, como veremos más adelante, las temperaturas en las que se realizó el estudio eran más confortables que las de ahora, aplicarlas de forma generalizada hoy se convierte en urgente.
Lo que ya sabía la Alhambra
La Alhambra fue residencia real durante el sultanato nazarí, entre 1238 y 1492 — un periodo que coincide en gran parte con la transición del Óptimo Climático Medieval, una fase relativamente cálida que se extiende aproximadamente hasta 1300, hacia la Pequeña Edad de Hielo, más fría, que se prolonga hasta bien entrado el siglo XIX. Es razonable pensar que buena parte del esplendor nazarí transcurrió, en promedio, con veranos algo menos extremos que los actuales.
Lo que sí tenemos con precisión es lo que ocurrió mucho después, en 1997, un equipo de investigación de la Architectural Association de Londres instaló termómetros de registro continuo en el Patio de Comares y el Patio de los Leones, durante varios días de agosto, para entender cómo estos espacios del siglo XIV seguían manteniéndose habitables en pleno estío granadino — un clima que el propio estudio describe como de veranos «largos, secos y calurosos». Durante esos días de medición, la temperatura exterior osciló aproximadamente entre 20 y 35 °C, según el propio gráfico publicado en el estudio.
La diferencia de temperatura entre el exterior y las salas interiores llegó hasta 11 °C en el Patio de los Leones, y el calor tardaba no menos de cuatro horas en atravesar los gruesos muros y llegar al interior.
En los momentos de más calor, incluso el propio patio —expuesto al sol— se mantenía unos 3 °C por debajo del exterior.
¿Cómo lo conseguían, sin electricidad ni combustibles fósiles? El estudio identifica cuatro mecanismos trabajando a la vez:
Los muros gruesos absorben el calor del día muy despacio y lo liberan hacia el interior con muchas horas de retraso — cuando ya ha caído la noche y el ambiente se ha enfriado.
Pórticos profundos y una orientación estudiada bloquean el sol en verano sin renunciar a él en invierno.
El estanque de Comares —1,7 m de profundidad, 252 m²— enfría el aire circundante por evaporación en superficie, además de acumular energía solar sin apenas transmitirla al aire por su propia masa térmica.
Cada palacio remata en una qubba con celosías que funcionan como una chimenea de ventilación, generando corriente desde el patio hacia las ventanas superiores por efecto chimenea, efecto venturi y presión del viento.
La conclusión de los autores es clara: ninguna de las cuatro estrategias funciona igual de bien por separado. Es la combinación la que produce el resultado.
Lo que la ciencia certifica hoy
Setecientos años después, dos de esos cuatro mecanismos tienen ya respaldo experimental moderno y específico para materiales de construcción.
El IETcc-CSIC ha publicado este mismo año, en abierto, un catálogo de propiedades termo-ópticas de materiales urbanos que incluye la reflectancia solar y la emitancia térmica de la piedra caliza mediterránea — los mismos principios de «rechazar el calor en superficie» que ya aplicaba la Alhambra con sus superficies claras. (Catálogo completo)
El World Resources Institute, en su informe de 2025-2026 sobre el dilema del aire acondicionado en Europa, coloca explícitamente los «materiales reflectantes» y los «materiales que almacenan frescura» en el primer escalón de su jerarquía de estrategias de refrigeración — por delante de cualquier sistema mecánico. (Informe completo)
Reflectancia y masa térmica, en otras palabras, ya no son solo sabiduría histórica: son datos certificados, medibles y publicados por organismos de referencia.
La ventilación natural —el efecto chimenea de la qubba, la ventilación cruzada, la brisa de montaña— tiene, de hecho, el respaldo más consolidado de las cuatro: décadas de ingeniería de la ventilación natural, con normativa y guías de diseño propias (como las de CIBSE, el instituto británico de ingeniería de edificios), y una literatura académica extensa sobre torres de viento y ventilación por efecto chimenea en clima cálido.
Existe investigación reciente y seria sobre el enfriamiento urbano por agua: un estudio de febrero de 2026 sobre la región de la Bahía de Guangdong-Hong Kong-Macao, publicado en Sustainable Cities and Society, analiza con big data y aprendizaje automático cómo la configuración espacial de los cuerpos de agua regula su efecto de enfriamiento en entornos urbanos densos. Pero trabaja con lagos y estanques a partir de 3,41 hectáreas — más de cien veces el tamaño del estanque de Comares (252 m²). Es enfriamiento urbano a escala de lago o de gran parque, no de patio ni de plaza pequeña — la escala exacta a la que funcionaba el agua en la Alhambra, y la que realmente heredamos en los espacios públicos mediterráneos.
La experiencia histórica lo confirma: el estanque de Comares llevaba setecientos años haciendo su trabajo antes de que nadie lo midiera con un termómetro. La ciencia moderna, sin embargo, aún no lo ha concluido a esa escala — ningún estudio reciente ha vuelto a poner el agua de patio o de fuente pública bajo la misma lupa rigurosa que ya aplicó aquel equipo de Londres en 1997.
Si el propio estudio de la Alhambra concluye que la combinación de las cuatro estrategias es lo que produce el resultado, ¿qué nos falta para aplicarlas de manera combinada en proyectos residenciales? Es una técnica que llevamos generaciones sabiendo que funciona.
Lo que ya se está intentando, a la escala real
Hay, al menos, una prueba de que combinar estas estrategias a escala de ciudad —no solo de laboratorio o de monumento— es posible. Medellín inició en 2016 su programa de «corredores verdes»: más de 30 corredores que conectan bordes de carreteras, jardines verticales, arroyos, parques y colinas, con casi 900.000 árboles plantados en toda la ciudad para 2021. El resultado, medido por el propio ayuntamiento: una reducción media de temperatura de 2 °C en toda la ciudad, y de más de 3 °C en algunas zonas concretas — «mayor de lo que esperábamos», según Sérgio Orozco, secretario de medio ambiente de la ciudad entre 2016 y 2019. El proyecto ganó el Ashden Award 2019 en la categoría «Cooling by Nature», y ciudades como Bogotá, Barranquilla y São Paulo ya han empezado a replicarlo.
Es una prueba real de que sí se puede actuar a la escala en que vive la gente, no solo en la de un estudio académico. Pero también confirma, sin querer, la otra mitad del problema: Medellín combina sobre todo vegetación y sombra, con algo de agua de paso en sus arroyos — no reflectancia de materiales, no masa térmica deliberada.
En 2018, la fachada completa del Centro Hospitalario Serena del Mar, en Cartagena de Indias (Colombia), se revistió en Albamiel. El edificio, diseñado por Moshe Safdie bajo un concepto explícito de «hospital jardín», se sitúa justo junto a la ciénaga de Juan Polo — piedra clara, vegetación y agua, los tres elementos otra vez juntos. No sabemos con certeza hasta qué punto el equipo de Safdie calculó deliberadamente el efecto combinado de reflectancia, sombra y evaporación, o hasta qué punto surgió de la sensibilidad de un arquitecto que sabe leer el lugar — probablemente ambas cosas a la vez, en proporciones que no podemos precisar desde aquí.
Un barrio que lo dice por escrito
En el distrito 19 de París, el barrio Éole-Évangile —35.200 m², entregado en 2022 por TVK y OLM para el promotor Linkcity— es el primer barrio de París en obtener la certificación Objetivo Cero Carbono, junto con Plan Climat y HQE, con Carbone4 como consultora de huella de carbono del proyecto. Piedra natural de Rosal Stones se incorporó al conjunto precisamente por ese motivo: como material de baja huella de carbono dentro de una estrategia certificada, no como acabado decorativo.
Y la propia ficha del proyecto (TVK, tvk.fr) detalla algo que va más allá de la elección de materiales: orientación solar deliberada para cada edificio del conjunto, ventilación natural proyectada desde el diseño —no añadida después—, y retención de agua de lluvia en jardines y cubiertas de suelo profundo repartidos por todo el barrio. Orientación, ventilación, agua y piedra, otra vez las cuatro juntas —solo que aquí no hace falta especular sobre la intención: está en la memoria del propio proyecto, avalada por tres certificaciones ambientales distintas.
Es, a escala de barrio, lo mismo que el Patio de Comares hacía a escala de patio — con la piedra, de nuevo, en el centro de la ecuación.
Quien ya lo dice en voz alta
Y hay alguien, dentro de este mismo mundo de la piedra estructural, que no solo aplica estos principios sino que los ha puesto por escrito como filosofía de proyecto. Gilles Perraudin —el arquitecto de Alma Petra, en Lyon, que al concluirse será el edificio de mayor altura en piedra estructural de Europa, y que incorpora piedra de Rosal Stones entre sus materiales— resume así el criterio de su propio atelier, en la ficha de proyecto publicada en atelierperraudin.com:
«Creemos en las soluciones tecnológicas simples y pasivas basadas en principios físicos, sin el uso de un arsenal tecnológico costoso en energía. Estos principios son los que usaban nuestros ancestros, que no tenían energía fósil pero utilizaban el sol, su luz, el viento, la lluvia, la naturaleza: ‘recetas’ tan simples y tan usadas que el término ‘low tech’ se queda corto.»
Es, casi palabra por palabra, la tesis de este artículo —solo que la firma un arquitecto que construye con piedra masiva hoy, no un historiador de la Alhambra. El propio atelier lo lleva más allá de la vivienda: en el Musée du vin et jardin ampélographique de Château La Coste, en Provenza, patios con agua en canal, pérgolas de sombra profunda y piedra clara conviven en un mismo proyecto —la misma gramática que el Patio de Comares, sin que nadie tenga que subrayarlo en un panel explicativo.
La conclusión
Del patio nazarí al barrio parisino, pasando por el caribe colombiano, hay un material haciendo, en todos los casos, el mismo trabajo de fondo: piedra natural — masa térmica, reflectancia y durabilidad en un solo bloque.
Hay arquitectos y urbanistas de todo el mundo intuyendo que la unión de estos cuatro elementos —masa, sombra, agua y ventilación— son realmente la única solución posible.
Ningún proyecto ha combinado y probado la efectividad de las cuatro estrategias con el rigor, la belleza y la escala de un patio nazarí. No hace falta inventar nada. Hace falta recuperar y aplicar a gran escala lo que ya aportó hace siglos la arquitectura mediterránea.
Catalina Sánchez Robles
CEO, Areniscas Rosal S.A.
Referencias
Jiménez Alcalá, B. (1999). «Natural Cooling in Hispano-Moslem Residential Architecture: The Case-Study of the Court of the Lions and the Court of Comares in the Alhambra (Granada)». PLEA’99 Conference Proceedings, pp. 399-406. Documento completo
Pérez Álvarez-Quiñones, G. et al. (2026). Database of visible reflectance, solar reflectance and emissivity of urban materials (Version 2) [Data set]. DIGITAL.CSIC. DOI
Slavcheva, R., Shabou, S., Mackres, E., y Bekkers, A. (2025, act. 2026). «El calor vertiginoso de Europa y el gran dilema del aire acondicionado». World Resources Institute. Artículo completo
Deng, H., Feng, J., Chen, X., Xiong, Y., Cao, J., y Liu, K. (2026). «Regulation of water body cooling effects in dense Urban Areas: Roles of spatial configuration, spatial scale, and the built environment». Sustainable Cities and Society, 137, 107149. DOI
Gouvea de Andrade, M. (2023). «Cómo Medellín está resistiendo el calor con pasillos verdes». BBC Future Planet, 23 de septiembre de 2023.
TVK. «Éole-Évangile — Réinventer Paris» (ficha de proyecto). tvk.fr
Atelier Perraudin. «Alma Petra — 145 logements collectifs et commerces, ZAC des Girondins, Lyon» y «Musée du vin et jardin ampélographique, Château La Coste» (fichas de proyecto). atelierperraudin.com